Se denomina teoría conspirativa al intento de explicar la causa última de algo (un suceso de carácter político, fenómeno social o hecho histórico) como el resultado de una trama secreta realizada por una alianza encubierta de personas poderosas. Sin embargo, este término se usa de manera habitual para señalar la existencia de una amplia selección de argumentos (no necesariamente relacionados) sobre grandes conspiraciones que, en caso de ser ciertas, tendrían un enorme impacto social y político.
A pesar de que cada año aparecen nuevas teorías confabulatorias, no todas resisten un análisis serio. Debido a su falta de pruebas, la manipulación de los hechos ya existentes o la carencia de fuentes acreditadas que expliquen la teoría, es posible rebatir los argumentos conspiracionales.
Estas hipótesis se oponen al principio de parsimonia (o navaja de Ockham) que viene a decir que de dos posibles explicaciones la más sencilla es la verdadera. La ausencia de pruebas en estas teorías y la imposibilidad de demostrar su inexistencia (lo que sería un absurdo lógico) no impide, sino que refuerza la creencia de quien está dispuesto a buscar en ellas la verdad.


